Fuera hacía un gélido frío, estremecedor para un mes de abril.Ellen estaba sentada junto a la chimenea con las mejillas y la nariz sonrosodas.
Después de unos largos diez minutos y un buen tazón de chocolate caliente entró en calor, entonces quiso bajar al sótano a recordar viejos tiempos en los que jugaba con sus antiguos amigos de la infancia.
Bajó las escaleras haciéndolas crujir, le resultaba demasiado famliar a la vez que lejano aquel sonido.
Entonces su dedo meñique chocó contra un baúl algo porlvoriento debido al paso de los años. Lo limpió un poco con la yema de los dedos y lo abrió con dificultad. Dentro había una montaña inmensa de fotos algo desquebrajadas, su vieja cámara de fotos de carrete, su antiguo peluche Mistic y una margarita seca y visiblemente frágil. Abrazó a Misitc, algo desgastado ya, con fuerza contra su pecho y lo volvió a colocar con cuidado en la cajita. Cogió el montón de fotos y empezó a mirarlas con atención, detrás de cada una de ellas ponía una fecha y una frase: "13/2/98 Ellen y yo en la torre Eiffel en el viaje de fin de curso de eso"."6/4/98 Ellen y yo en aquel bar de copas, donde su vestido salió... algo empapado jaja"."7/4/98 Nuestra despedida, Ellen. Esta será la última vez que te vea. Te quiero patosilla no lo olvides, jamás".
Al leer estas frases escritas por su amiga la nostalgia se apoderó de ella, estrujándola fuertemente.
La cajita se trataba de los recuerdos de la mejor amiga de Ellen, ella se los quiso dar para que siempre la recordara y nunca, por nada del mundo, la olvidara.
-Oh Celeste... cuanto hemos cambiado, ¿verdad?
Se lo preguntó a sí misma realmente, esperando que la respuesta fuera no. Quizá así algún día las cosas vuelvan a ser como eran. Quién sabe.
Siguió viendo y leyendo aquellas fotos mientras por su cabeza surcaban miles y miles de recuerdos, tan fugaces como tantos eran. Las apartó a un lado y cogió su cámara que aún conservaba su último carrete, con sus cinco últimas fotos. Decidió volver a utilizarla después de tanto tiempo entre lágrimas, sonrisas y abrazos. Puso su cara más graciosa, como le era posible en ese momento, como era típico en aquellos tiempos, y apretó el botón. Casi podía ver a Celeste allí, a su lado haciéndole reír a carcajadas, hasta que le doliera la boca y la garganta de tanto reír y sonreír.
La echaba muchísimo de menos, pero de nada servía lamentarse.
Sacó tres fotos más, sintiéndose de nuevo con quince años, como la niña que era antes y la cual se fue con su amiga, para no regresar jamás.
Ya solo quedaba una única foto en el carrete. Guardó su cámara junto al montón y a las nuevas fotos en la caja de los recuerdos y la volvió a cerrar. Cerrada hasta el día en que la volviera a ver, entonces gastaría ese carrete, la última foto. Solo entonces.
Cuando una persona esta destinada a salir de tu vida lo mejor es dejarla ir, así sin más. Quizá en algún momento te vuelvas a cruzar con ella, y si no lo hace... al menos has conocido a alguien espectacular, con quien compartistes mucho tiempo de tu vida, le distes tu tiempo y ella a ti el suyo. Solo debes dejarla ir.
Conservaría todos los recuerdos de aquellos años y del lugar durante toda su vida. Quizá no estuviera aquí con ella ahora y durante un largo tiempo, quizá nunca vuelva, pero le prometió de una promesa sellada que nunca sería olvidada.