Buscamos los paisajes más bonitos y miradas que quiten el aliento. Los buscamos lejos, soñando encontrarlos algún día pero no nos paramos a observar lo que tenemos justo frente a nosotros. No somos capaces de entender que lo que buscamos está mucho más cerca, siempre ha estado ahí, pero no disponemos de tiempo para verlo. Vaya excusa poco rebuscada. No necesitas viajar a países exóticos para encontrar lo fascinante. Todo está en cualquier parte si dejas que lo borroso se vuelva nítido y que esas simples patas de gallo se conviertan en el símbolo de historias de felicidad. Rebusca en la más mínima mancha de tu ropa y no será una mancha, sino un lugar, una sonrisa y quizás un vuelco al corazón por ser tu su fabricante.Estamos tan anclados y determinados que los caminos que recorremos los haríamos con los ojos cerrados y no tropezaríamos. Pero tropezamos infinitamente en nuestra ignorancia al no fijarnos que en la misma calle de las cuatro las hojas son más marrones y menos verdes, que hacerlas crujir produce un placer indescifrable y que esa esquina no es solo eso, es una recogedora de lágrimas, de soledad y de sueños destruidos, aunque también de caricias efímeras y esperanzas echadas a la suerte.
Pero resulta que lo que queremos no suele ser lo que tenemos más a mano, sino veinte vueltas más allá. Tengo una especie de magnetismo engatusador para los imposibles. Creo que siento debilidad por las malas sensaciones, las conozco demasiado bien y supongo que me he amoldado a ellas. Soy lo que se podría llamar un tanto masoquista, incluso a veces me gusta, en el fondo, encontrarme en situaciones difíciles e ingeniármelas para salir victoriosa de ellas. Pero con el tiempo he comprendido que después de la tormenta no llega la calma, sino un punto de inflexión en que por un segundo la tierra se traga la lluvia torrencial, solo para resurgir nuevamente con otras gotas con diversas historias que contar. Y tú, con todo tu positivismo me vendrás con que las gotas se estampan en el suelo y desaparecen, quedando arrastradas al olvido. Entonces yo, antítesis de ti, te contaré que el antártico congela la misma sustancia de las gotas y las congela en el tiempo, dejando latentes las historias a medio contar y sus grietas abiertas. Y de este tipo soy una virtuosa. Antes de especular en amores increíbles, las pequeñas palabras escritas se desdibujan con la tinta empapada. Aunque también dicen que no hay mal que por bien no venga. Pero supongo que todo es cierto o no según por dónde se mire, con qué ojos y desde qué altura. Depende de tus ganas de comerte el mundo y de la resistencia que opongas a no ser engullido. Depende de lo soñador que quieras ser y de tu manera de observar. Depende de que tu propia visión esté abierta a otras, a otros mundos.