
Y de repente, todo se vuelve increíblemente raro, diferente, todo es desconocido.Las caras de siempre ya no son las mismas, ni si quiera la tuya.
Nada es como era, y los para siempre duraron tres caladas: una para prometer, otra para creer y otra para olvidar.
Los lugares son los mismos, pero el frío ha cambiado, ahora es más frío que nunca, pero es agradable. Más de lo que debería.
Pero las cosas cambian, de hecho, ya han cambiado.Las miradas son diferentes, ya no encajan como un puzzle, ahora están despistadas, es un rompecabezas. Pero se cuela alguna sonrisa que sabe que una vez nos necesitamos, que descubre que aun teniéndote a menos de un metro, te sigo echando de menos, eternamente de menos.
Y de repente, mi boca se precipita, quiere gritarte a los cuatro vientos que te necesito en mis días, que echo tanto de menos tus imparables risas que casi duele, que este cambio ha sido muy temprano, que no estaba preparada y que no me gusta.
Tiempo muerto. Quiero decirte lo poco que me gusta esto.Sin embargo, me limito a observar cada gesto de tu cara para recordarla de por vida y a sonreírte estos cinco segundos que podemos dedicarnos.
Tercera calada. Adiós para siempre.