Una simple mirada, una caricia, una contracción de músculos, esas patas de gallo al sonreír, bello erizado...
Me produce un inmenso dolor que sientas como mi presencia se desliza por tu lado, produciendo ruidos sordos que solo tú eres capaz de percibir, solo para que me mires, aunque sea de reojo, para que me roces disimuladamente con tu dedo índice y sentir ese pequeño cosquilleo, ese tan agradable.
Reírme a grandes carcajadas solo para que te des cuenta que estoy allí, tres pasos detrás de ti.
Tan patética, tan idiota, tan perdidamente loca.
Así de dañina es tu forma de ser, esa actitud pasota que dejas ver. Te burlas de mis detalles, ignoras mis sonrisas, besos y caricias. Al estrujarte contra mi pecho al abrazarte siento frío, abrazo realmente un muñeco de nieve, con un corazón de hielo.
Dices que valoras todo esto, que tu como el que más se fija en ellos, pero no es cierto. No te engañes, no intentes ser quien no eres solo por contentarme. Tú eres tú y yo soy yo, esto siempre será así y nunca te fijarás en mis caprichosos detalles. Aunque quizá sea yo la que los ve demasiado grandes.
