Un día te abrazaré y al siguiente huiré de ti. Quizás no vuelvas a saber de mí. Quizás me armaré de valor y te diré te quiero como no quieres que te quiera. Te miraré a los ojos que tanto me gustan y acabarás conmigo en el intento, destruirás mi ser, pero será una dulce derrota.
No existe gravedad posible que me sujete cuando me rozas. Lo siento, soy incapaz de pasar por alto cada uno de tus movimientos. Tu delicadeza al tocar, tu sensualidad al caminar, el abrir y cerrar de tus labios al hablar.
Miradas que solo expresan amistad, sonrisas confidentes de mis sentimientos, roces de muñecas que me hacen estremecer. Amor, el choque de nuestros dedos no será duradero.
Soy débil al escuchar cada sonido de tu voz y fingir que no me atraviesa como la más mortífera de las armas, cuando por el día te ofrezco mil sonrisas y por cada una de ellas lágrimas van sin rumbo por el cementerio de los sueños.
Quiero no sentir esto, que tus efectos sobre mí no sean tan intensos... quiero empezar de cero.
Allá por primero, que vuelvas a juzgarme a simple vista y que no cambie ese pensamiento y que todo quede en un extraño recuerdo.
