31 de octubre de 2011

Halagos a la frente

Tacones destrozados, uñas partidas, su esmalte arañado. Sus pelos se humedecían y su rímel formaba unas grandes ojeras. En su vestido turquesa se dibujaba un estampado de gotas de lluvia. ¡Y qué!, ¿qué más dará?. Pues nadie se fijará en lo arreglado que lleve el pelo o los kilos de maquillaje que lleve encima. Ni en mis bonitos ojos azules ni en mis largas pestañas. Se fijarán en mí cuando lleve un moño desaliñado y los flecos como me los quiera colocar el viento. Porque si no quiero pasar desapercibida no lo lograré con pintalabios carmesí ni lentillas de colores. Es irónico, pero así es. Porque hagas lo que hagas, seas quien seas, te pongas lo que te pongas siempre llevarás un halago a la frente y una crítica a la espalda. Cuando te hagas pasar por esa barbie de plástico todos te dirán lo guapa que estás y lo buena que eres. Y cuando seas la hermana secreta fea de la bella durmiente pasarás con tu chandal tres metros mayor que tu por al lado de esas barbies- la cual podrías ser con faicilidad- y se reirán de ti con sus irritantes risitas, y harán que no dudes si es de ti o del señor de al lado. Entonces es cuando piensas y llegas a la conclusión de que la hermana fea es la que acaba con el marido bueno mientras que aquella barbie se gasta todo su dinero en liposucciones y mucha ropa cara. Entonces es cuando tú les dedicas una sonrisa con tus relucientes dientes manchados de chocolate y sintiéndote orgullosa del gran futuro que te espera.

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