15 de septiembre de 2013

Tranquila, que no tardo.

Empezamos con un Julio más caluroso que de costumbre. Las horas pasaban audaces una tras otra, con la prisa de vivir de quien sabe que muere mañana. Y nosotros creímos tener fecha de caducidad prefijada incluso antes de acertarnos. Pero nos acertamos tan bien que rompimos la barrera de ¨consumir preferentemente¨. Dejarnos llevar fue la mejor y peor opción que pudimos regalarnos. La más bonita y rota para ti, para mí. Escribimos mil versos a esta historia veraniega a cada paso que dábamos. Ya fuera hacia nosotros o alejándonos, porque entonces incluso ya me apetecías como el peor de los vicios. Nos leímos en un libro inventado con cada vuelta de reloj mientras le dábamos vida, sin ser actores.
Tu espalda era una prolongación de mis brazos por esa necesidad constante de abrazarte como si así el tiempo cediera y por una vez las manecillas giraran en sentido contrario, deteniéndonos a nosotros en un espacio-tiempo nuestro. No se me ocurriría nada mejor. Pero nos tuvimos que quedar de brazos cruzados para no darnos de bruces contra el suelo y, así, dedicarnos todas las sonrisas o lágrimas que esto provocaba.
Me sentía libre, cada segundo contigo eran segundos de vida realmente vividos. Los exprimía de tal  manera que si sentía que se me escapaba de las manos me lanzaría al precipicio para retenerlo.
Has sido y serás el artífice de un verano sin fríos, en los que antes había lluvia de vez en cuando. 
Pero un extraño final se coló y llegó de cierto modo, camuflado. Aunque es un final de esos con principios, de los que dan paso a las grandes cosas. Y por ello, difíciles pero no imposibles. Se me antoja poco apetecible los días  sin tus caricias y besos impregnando los lugares, sin películas acordes a la música que bañaba nuestras mejores bocanadas de aire. Echarte de menos es un arte. Y yo una artista por obligación, y no por vocación. Pero sé que me llamarán loca (si no lo reconozco yo antes) al pensar que esta es la mejor forma de debernos -las caricias y todo eso- porque cuando te di el último beso en aquel puerto, ya te echaba de menos y tu forma de mirarme como si no fueras a irte. Y eso es lo que quiero, que aunque haya distancia en medio no te vayas, que te quedes de cualquier forma aunque no sea física, esa ahora es la que menos importa.




No hay comentarios:

Publicar un comentario